El pecado original
 
 
 
Me incinero en mil soles
cuando arrojado salgo
al laberinto vano de almas sin encuentro.
Más allá, el horizonte,
sin perfilarse, arriesga su permanencia.
 
 
No obstante, mi lágrima
me dice que alguna vez sentí
a este ser humano que hoy rodea
mi existencia.
 
 
Desoigo las voces absurdas
que quieren detenerme y anularme.
Vibro en mil corazones,
en millones de gargantas que no gritan,
en aquelarres de angustias cotidianas
que vanamente buscan la descarga.
 
 
¡Estamos todos bajo el cielo
sin levantar la vista para verlo!...
!Nuestra brasa vital
podría encontrar la eternidad en ese gesto!
 
 
Nuestro presente,
hecho de pies apurados,
de manos hurgando en los bolsillos,
de no saber quién tengo al lado,
pierde la eternidad a cada instante.
 
 
 
© Alberto Peyrano
Buenos Aires, Argentina
Octubre 2005

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