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Llueve lentamente
y el sol cristalizando la lluvia en la montaña y yo desde mi cabaña, en mi mente divagando sintiéndo que la lluvia en mi piel está posando.
La montaña está dormida
y aturdida por las caricias de la lluvia que con deleite, por su cuerpo se desliza.
Los árboles testigos
firmes, prestos, vigilantes, para que nada interrumpa ese idilio ni un instante.
Sigue el sol como si quisiera
dar más tibieza al romance, La lluvia tenue con astucia sigue el ritmo, para que no despierte de súbito su amante.
Quisiera ser esa montaña,
sentir ese suave acariciar sobre mi cuerpo que la lluvia, gota a gota se deslice, por mis pechos que en tus manos se convierta el agua que camine por mi carne.
Ven , amor, en este instante
siento frío y necesito acurrucarme, como una paloma tiemblo cuando veo tu reflejo, entre las gotas que allí caen.
Ven, amor, no me dejes que la envidia
que en mí provoca esa montaña, esa lluvia y esta tarde, me haga morir de rabia.
Quiero que me calmes
y con tus besos, con tu arte de seducir mi corazón, de llevarme a tu íntimo rincón, quiero amor que ya no tardes, hazte lluvia, y ven con calma, y moja mi piel, que con este fuego, arde...
Carmen Flores
8/8/04 Para enviar este mensaje, dé click en la imagen
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