Mi soledad no es
solo mía;
Por el mundo allá afuera,
quien, hoy, estará sufriendo,
porque su amor lo dejó.
Cuántas veces yo lloré,
al mirarme en el espejo,
en los ojos, profundas ojeras,
el cabello desgreñado,
en cada rincón de la casa,
un objeto tirado.
Desde que él
se fue,
solo vivo de mis recuerdos,
de aquella forma gentil,
con la que él me trataba,
su cariño, sus besos,
que causaban emoción,
felicidad, alegría.
Nosotros nunca supimos,
por qué todo terminó.
Una palabra mal dicha,
una respuesta más áspera,
sin dar ninguna disculpa,
y, de pronto,
todo terminó.
Él partió, no dijo nada más,
y, yo, sin dar mi brazo a torcer,
lo acepté pasivamente.
Y permanecí aquí, que tristeza,
en el más completo silencio,
en ésta casa, solitaria,
sin tener a nadie
con quien poder llorar.
Qué falta siento de él,
de que su calor me alivie,
de una palabra amiga,
que me dé conforto y paz.
Es por eso que yo, ahora,
agarré valor y llamé.
Mi voz estaba temblorosa,
el corazón me saltaba,
mientras le hablaba a él,
de mi amor.
Y él, silencioso, escuchaba,
solo oía su respiración.
Fue cuando yo hice una pausa,
y pregunté: ¿Qué me dices?
Y, él, para mi sorpresa,
me reveló de una sola vez,
que el amor aún es grande,
la nostalgia enorme,
y sigue enamorado.
Marcamos el día del regreso,
para una fecha especial.
Estaremos de nuevo juntos
en el día de los Novios.
(Autor: José Maciel)